Pedro Martínez creció en Manoguayabo, Santo Domingo. De niño, usaba tapas de botellas como pelotas. Su talento fue descubierto por los Dodgers, pero su verdadero brillo fue en Montreal y luego en Boston.
Antes de ser un ícono del Salón de la Fama, enfrentó dudas sobre su tamaño y estilo de pitcheo. Su historia es un ejemplo de perseverancia.